lunes, 15 de agosto de 2016

Solo se detiene


La vida corre, vuela. Usualmente, al menos, es así.
Pero, a veces, solo se detiene.
Y entonces ves al cielo, ves al suelo. Ves al hombre y ves a Dios.
Y me ves a mí, y te veo a ti.
Y te ves a ti. Y te odias, te amas, te admiras y te envidias.
Solo se detiene.
No se detiene por ti, por mí, por él o por ella.
Se detiene para amar, para odiar, para desear y extrañar.
Pero a veces no se detiene.
Y llegas hasta el último de tus suspiros, la última estrella de esperanza en ese firmamento perdido.
Y no se detiene.
Y esperas el momento correcto, el momento ideal. Momento de nacer y de morir. De construir y destruir. Un momento que deseas para siempre pero no llegará jamás.
No se detiene.

Usualmente, sin embargo, sí lo hace.
Y es cuando se detiene que debes cuestionarte si estás listo y sabes qué hacer.
Y en ese instante deseas que no se detenga. Para no sentir, no vivir, no suspirar, no anhelar y no extrañar.
Entonces se detiene. Para ti, por ti. Para mí, por mí. Eso deseamos creer.
Y todo se rompe o renace. Pero sabes que la vida no es un fénix que resurgirá de sus cenizas para reconstruir esos dulces recuerdos que cada día se hacen más lejano y te cuestionas si son reales o simplemente un sueño perdido en el viento, regalado al tiempo. Y tú tampoco renacerás.
Construirás tu futuro en esos momentos de pánico y cristal, hasta el último segundo.

Segundo en que solo se detiene.

domingo, 14 de abril de 2013

"Los siete pilares de la sabiduría" - T.E Lawrence, dedicatoria


Yo te quería, por eso atraje a mis manos estas mareas de hombres
Y escribí con estrellas mi voluntad en el cielo
Para ganarte la Libertad, la casa digna, la de los siete pilares
Y que tus ojos pudieran brillar para mí
Cuando llegáramos

La muerte parecía mi sirviente en el camino, hasta que nos acercamos
Y te vimos esperando:
Cuando tú sonreíste, con envidiosa tristeza se me adelantó
Y te llevó aparte:
A su quietud.

Amor, el cansado de andar, marchó a tientas hasta tu cuerpo, nuestro breve salario
Nuestro por el momento
Antes que la blanda mano de la tierra explorara tu forma y los ciegos gusanos
Engordaban con
Tu sustancia

Los hombres me rogaban que erigiera nuestra obra, la casa inviolada,
En memoria tuya.
Pero para que el momento fuese adecuado lo hice trizas, inconcluso: y ahora salen arrastrándose los seres minúsculos para hacerse una guarida con sus restos en la sombra frustrada
Del don que era tuyo.